Dentro de las limitaciones de una gestión como la suya, llena de...
contratiempos, de torpezas (sí, de torpezas), con una cantaleta y amenaza de revocatoria pendiendo sobre su cabeza desde el día uno, no lo ha hecho mal. Habría que ser ultra mezquino para decir que no hizo nada de nada y olvidarse que Castañeda construyó el Metropolitano en el triple de tiempo estimado al triple del costo proyectado y que nadie lo amenazó con revocarlo.
Lo hemos escuchado de la boca del propio patrocinador de la revocatoria, Marco Tulio Gutiérrez: “Lucho volverá a la alcaldía y yo volveré a ser consultor de S/.74 mil”. Y esa está entre las declaraciones y confesiones menos asquerosas del revocador. El interés económico es evidente, pues a confesión de parte, relevo de pruebas.
Con todo eso, la mujer ha trabajado. El único que nunca se equivoca es el que no hace nada. Eso algo que deberíamos considerar seriamente.
(Presentación de la gestión municipal aquí)
Pero aún en el supuesto negado de que su obra a estas alturas fuera insuficiente, por higiene, yo no me pondría del mismo lado que un sujeto como Marco Tulio Gutiérrez y sus secuaces porque eso, solo eso, ya embarró el proceso. A estas alturas, decir que no sabemos quiénes están realmente detrás de la revocatoria, impulsando el tema con su propio dinero (adivina a santo de qué), no es pecar de inocente sino de hipócrita. La revocatoria tendría sentido si fuera por corrupción flagrante, pero no, va por capricho. Castañeda, Marco Tulio y su gente quieren notoriedad, quieren plata, y entre todos se lo vamos a hacer realidad, con el dinero de nuestros impuestos.
En este escenario, están la Villarán y Castañeda (quien se perfila como el sucesor, se cree con derecho natural al sillón municipal y encima ya lo limpiaron parcialmente del caso Comunicore). Y en síntesis, lo que están buscando los revocadores activos es eso, nada más que eso. Los demás, a quienes no les importa quién reemplace a la tía Susana en tanto se vaya a su casa, solo están apoyando esa moción, porque no tienen una propia: sale Villarán, entra Castañeda, que no inauguró Santa Anita para que coincidiera con la reelección. Y si no me creen pregúntenle a la gente de Cosapi, que construyó el mercado. Otra vez están escogiendo a Barrabás, y eso es tan característico de las turbas enardecidas…
Es cierto habrá y hay quienes piensan que la Villarán se debe ir a su casa independientemente de quién la reemplace, a un costo de S/.100 millones para el Estado, casi tres veces lo que se embolsicaron los de Comunicore. Y es legítimo y está de acuerdo a ley y están en su genuino derecho. La parte que no se me cocina, sin embargo, sigue siendo la misma: si la botas por ineficaz, inoperante y vaga, si te da la gana, ¿quién debería reemplazarla? ¿Durante qué plazo? ¿Qué debería hacer su reemplazante? ¿Quién debería ser este personaje? Es decir, que se largue Villarán ¿y que venga quién a hacer qué?
Pero, consuelo de tonto, parece que se trata de un rasgo latinoamericano y no exclusivo del Perú. Hace algunos meses entrevisté al economista australiano Tim Harcourt, autor del Best Seller “The Airport Economist”. Tim se ha pasado varios años viajando por todo el mundo acercándose para entender los mecanismos “extra económicos” (por ponerlo de alguna manera) que afectan la gestión y desarrollo de los países, particularmente los emergentes.
A media entrevista me dijo algo que se quedará conmigo para siempre, porque es algo que me es (nos es) cotidiano pero perfectamente invisible. Conversábamos de la importancia de tener instituciones robustas y confiables como la única manera de enfrentar la corrupción y hacer sostenible el crecimiento que venimos experimentando.
“¿Tú recuerdas el partido aquel en el que Maradona le metió un gol con la mano a Inglaterra? ¿Te acuerdas que de allí salió la expresión aquella de “la mano de Dios”, no es cierto?”
“Sí, claro, en el mundial de México 86″, respondí.
“Así es. Pues bien, en ese mismo partido, el mismo Maradona metió el que probablemente sea el gol más bello de toda la historia de los mundiales. Pero todo el mundo habla de esto –me dijo señalándose la mano–, les encanta ganar haciendo trampa, se sienten bien, al punto de que el mejor gol de la historia, en comparación, es solo una anécdota”.
Qué cagada, ¿no? ¿Será cierto?
Fuente: http://lamula.pe/2013/01/15/susana-barrabas-y-la-mano-de-dios/ldavelouis
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