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Las cosas que uno medita mucho o quiere que sean 'perfectas', generalmente nunca se empiezan a hacer...
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"Cada mañana, miles de personas reanudan la búsqueda inútil y desesperada de un trabajo. Son los excluidos, una categoría nueva que nos habla tanto de la explosión demográfica como de la incapacidad de esta economía para la que lo único que no cuenta es lo humano". (Ernesto Sábato, Antes del fin)
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domingo, 6 de octubre de 2013

Escuchen niños blancos de colegio particular: ¡Ustedes son únicos!

TOMADA DE la página oficial de "eres único"

Cuando el racismo es política de estado.

El descubrirse diferente y desvalorados/as desde el cuerpo es quizás uno de los caminos más difíciles de emprender, tornándose, común, la modelación y aclaración de la negritud, controlando y maquillando la ancestralidad con la que se nace.
Eliza Pflucker

Yo fui un niño marica y marrón de...
colegio nacional. Estudié en el “Pedro Coronado Arrascue”, de primaria y secundaria, ubicado en el Cercado de Lima. No había lockers, ni comedores, ni patios colosales ni carpetas individuales. Era otro de tantos colegios peruanos (mal)construidos, en donde cientos de niños y adolescentes son adoctrinados cada año para subsistir como mano de obra barata sin cuestionar nada de lo establecido. Era además un ambiente violento, donde las agresiones físicas y verbales eran desplegadas a vista a paciencia de profesores y auxiliares, quienes únicamente socorrían al agredido si nos amontonábamos alrededor de la pelea o si había peligro de muerte. Claro, había profesores más considerados, pero en realidad nunca hacían nada contundente para detener el acoso. Si alguien recibía, por ejemplo, un puñete en el estómago, se levantaba al agredido y se amenazaba al agresor. Por supuesto, el auxiliar sabía que el agresor no iba a detenerse o que probablemente se desquitaría a la salida con más violencia, pero poco le importaba. Su chamba era de la puerta del colegio para adentro, y adentro sólo si era testigo, y si era testigo, lo único que hacía era calmar la cuestión inmediata. Poco importaba lo que se hiciera fuera del alcance de sus ojos, o fuera del territorio escolar. El director, Los profesores, los padres de familia y la única psicóloga, lo mismo: pintados.
En primero de secundaria, prácticamente todos fuimos nuevos en el colegio y como nadie tenía cable y el internet ni siquiera existía en nuestras imaginaciones pubertas, vivíamos sujetos a la televisión nacional y lo que esta nos ofrecía. Entre tantos programas, había uno en particular que causaba cierto furor entre nosotros: La paisana Jacinta. Y es que sus hábitos, ademanes y costumbres representadas vulgarmente por Jorge Benavides, enlazadas a situaciones inverosímiles con posteriores risas grabadas, nos configuraban el cerebro para reír y burlarnos de esta figura ingenua, cochina, bruta y torpe, y de toda personalidad que a esta se asemejara. Así, pese a ser el 90% del salón hijos de provincianos (incluyéndome), habíamos nacido en Lima y como buenos limeños vivíamos alienados, por lo que no reconocíamos (o no queríamos reconocer) nada que consideráramos nuestro en esa cándida paisana. La veíamos como un ser inferior y distante de nosotros. No hablábamos ni nos vestíamos como ella, como quizás si lo hacían nuestras madres. Nadie, excepto Diana, nuestra compañera recién llegada provincia. El bello color rojizo en sus mejillas y el uso alternado de las vocales “u” e “i” en reemplazo de la “o” y la “e” –lo que vulgarmente se conoce como “mote”, la delataba, y se convirtió en objeto de insultos e indiferencia. La llamábamos bruta, apestosa, tarada, y cada vez que nos acercábamos para hablarle, repetíamos “ña ña ña ña” incansablemente, pretendiendo estúpidamente que sólo así nos podríamos comunicar con ella.
Pero no solo ella era víctima de la violencia. La misma televisión y la pornografía nos habían enseñado bien qué cuerpos eran bonitos y cuáles no. Las chicas “sintéticas” y “despóticas” como las llamábamos, y los hombres chatos o sin ninguna gracia física notable éramos también objeto de burlas. Pero como casi todos teníamos rabo de donde se nos jale, las agresiones cotidianas eran fácilmente retornables (sin ser por ello menos hirientes), a excepción, claro, de que seas “la chola”. Ella no te podía decir nada, porque era chola, y nada se compara a semejante desgracia. En cualquier momento se escuchaba: “seré chato, pero no soy chola”, o “seré frentona, pero no come-cancha”, o “seré flacuchento pero no serrana”. La gordura era similarmente reprochable, la gorda y el gordo siempre agachaban la cabeza y sonreían consintiendo los insultos, conscientes de percibíamos su situación como lo más degradante.
Han pasado 8 años desde que dejé el colegio y poco o nada ha cambiado, salvo que ahora el acoso no se limita al salón de clases, sino que las redes sociales, principalmente facebook, se han convertido en la principal herramienta para atacar y reducir al otro. Y es en facebook donde nos encontramos con la ONG “Eres Único”, cuyos mediocres proyectos son financiados por el MINEDU. Supuestamente, su meta es combatir lo que acabo de describir: el bullying, y hace dos semanas lanzaron este video bandera de su campaña:


En él se aprecia un High School al mejor estilo arquitectónico americano. ¿Dónde se han visto lockers en los colegios nacionales o siquiera en los particulares de clase media? Todos los niños del video, además de ser blancos, poseen la última versión del iPhone. Se aprecia además, como fondo de los cantantes nacionales a un coro cristiano, decisión contradictoria cuando precisamente es el curso obligatorio de religión el que más odio nos enseña a sentir hacia quienes son diferentes.
Se presentan dos casos, que bien pueden ser reales; pero en ambos los abusivos pasan milagrosamente a poseer la amabilidad de la pandilla de Barney por obra y gracia de la voz de Pedrito Suárez y los chicos de Ádamo. No hay escuela, director, profesores, auxiliares, padres de familia ni estado involucrado en la solución del problema. Los niños toman conciencia de las implicancias de la violencia porque al parecer la canción y el talento de la chica tienen el poder de transformar vidas. Ante semejantes incoherencia, quise cuestionar a los creadores del video acerca de las decisiones que tomaron para producirlo, a lo que respondieron que era una lástima que pensara de esa manera, que el video fue creado con la mejor intención y trabajaron con lo que pudieron, no tuvieron de otra (seguro pasó lo mismo con los afiches, pobres), y que la forma era lo de menos, ya que lo único que importaba era el fondo. Intenté increparlos nuevamente, pero al parecer no son tan tolerantes como uno esperaría de ellos y decidieron eliminar todos mis comentarios y bloquearme de su página.
Ellos ocultan una cuestión central: de hecho, la forma importa tanto como el fondo. Sin la forma, el fondo no llega (y si pensaban que su fondo estaba bien, ni eso lo está, porque la solución que presentan no tiene nada que ver con la problemática real que intentan confrontar). No discriminamos ni nos discriminan por lo que hay dentro de nuestros corazones, nos discriminan por nuestras formas. Como dije al principio, fui y siempre seré maricón, pero por el miedo que sentía al rechazo me obligué a ocultarlo, por lo que nadie lo notó y fueron otras características mías, menos repudiables, en las que se concentraron. Al chico afeminado del salón continuo no le fue tan bien. Pese a que en el fondo me gustan los penes tanto o más que a él, no fui yo la víctima de los insultos y acosos constantes por mi orientación sexual. Es por nuestra forma que en el Lima Fashion Week no se ven nuestros cuerpos, pese a ser Lima una ciudad donde convergen y se mezclan culturas y tradiciones de toda índole. Pero en las pasarelas sólo vemos cuerpos blancos, delgados y esbeltos que representan a una escasa minoría económicamente privilegiada, igual que en este video. Esas dos historias pueden ser reales, y lo malo no es que estas sean mostradas. Lo malo, lo despreciable, lo repugnante, es que sean lo único que muestran. ¿Y por qué es lo único que muestran?

Hacer una campaña contra el bullying que presente una solución irreal, librando de toda responsabilidad a los propios agentes que lo producen (estado, familia, la misma escuela, etc.) es completamente absurdo. Pero que además sea una campaña contra el bullying que discrimine, ya roza con la estupidez extrema. El motor del bullying es la discriminación, y esta campaña discrimina por completo a todos los niños peruanos cuyos padres ganen menos de 8 mil soles al mes. Es más que una negligencia, es un crimen que con los impuestos de todos se financien campañas que nos enajenan, nos desprecian, y reducen un problema que provoca muertes anuales a una performance de Glee o de High School Musical mal hecha.
Es por nuestra forma que nos obligan y nos obligamos a avergonzarnos de quienes somos, de nuestras madres y padres de provincia, que cortamos todo vínculo con nuestra cultura y vivimos las de otros que se nos presentan como superiores. Es por “la forma” que decenas de adolescentes y niños trans, lesbianas y gays se suicidan cada año encontrando en la muerte la única salida al odio que reciben en todas partes, empezando por sus familias. Es por nuestra forma que vivimos en permanente vigilancia de nuestras acciones, de nuestras palabras y nuestros cuerpos para encajar en patrones de belleza poco saludables.
Si somos capaces de indignarnos por la reaparición del negro mama o por el racismo y clasismo de la moda peruana, veremos fácilmente que este tipo de campañas no sólo siguen la misma línea, sino que son aún peores, puesto que van directamente dirigidas a quienes son más susceptibles de asimilar y encarnar el odio y la vergüenza hacia sí mismos. Los discursos que sostienen y nos envían estas instituciones tienen consecuencias nefastas sobre nuestra autoestima, nuestras identidades y nuestras vidas. Nos insultan, desprecian, alienan, denigran, desvalorizan, enajenan y amenazan como comunidad y como seres humanos. Tratar de combatir el bullying sin combatir la discriminación es peor que hacer nada, porque están legitimando el odio y perpetuando la violencia. O sea, nos hacen bullying.

Fuente: http://feministas.lamula.pe/2013/10/05/escuchen-ninos-blancos-de-colegio-particular-ustedes-son-unicos/gonzalomeneses/







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