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Las cosas que uno medita mucho o quiere que sean 'perfectas', generalmente nunca se empiezan a hacer...
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"Cada mañana, miles de personas reanudan la búsqueda inútil y desesperada de un trabajo. Son los excluidos, una categoría nueva que nos habla tanto de la explosión demográfica como de la incapacidad de esta economía para la que lo único que no cuenta es lo humano". (Ernesto Sábato, Antes del fin)
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domingo, 4 de agosto de 2013

Bienvenidos a la nueva economía del uso compartido




Las conexiones facilitadas por las nuevas tecnologías crean un nuevo fenómeno en plena crisis económica global, ¿funcionará?

¿Compartir un viaje en auto para ahorrar combustible? Pues sí, lo hemos hecho: ¿Un taxi? ¿Movilidad escolar?, ¿Compartimos libros en la universidad? ¿y música?Pues claro. ¿qué más podemos compartir? ¿conexión a Internet? ¿casa? ¿perro? ¿bicicleta? ¿taladro? ¿tiempo libre?
Nada más hippie que....
esta idea* que lanzó Rachel Botsman en una conferencia en TED hace algunos años: el consumo colaborativo. Básicamente se trata de no comprar cada vez que necesitamos algo sino ver si alguien lo tiene. Por ejemplo, pregunta ella ¿Cuántos tenemos un taladro eléctrico en nuestras casas? muchos, ¿y lo usamos a diario? no, de hecho casi nunca lo usamos, entonces: ¿por qué no compartirlo?
 Es claro que para todos los nativos digitales, desde Napster hacia acá, esto no es nada nuevo: compartir entre pares (peer-to-peer) se constituyó en el paradigma de la desintermediación hace algunos años y, con ello, en el principal enemigo de los intermediarios de la distribución de contenido (auto-denominados como "industrias culturales") que empezaron a promover leyes que restrinjan estas prácticas. Leyes como la DMCA (Digital Millenium Copyright Act) en Estados Unidos y la Ley Sinde en España, y proyectos como SOPA (Stop Online Piracy Act) son muestra de esta guerra contra la economía del uso compartido defendida por activistas de la red bajo el canto de "copiar no es robar".
La evolución de la economía del uso compartido se parece a la del comercio electrónico (en algo) señala un informe publicado por The Economist en Marzo de 2013:
Al principio, la gente estaba preocupada por la seguridad. Pero después de haber hecho una compra exitosa en, por ejemplo, Amazon, sintieron seguridad en el sistema en su conjunto. Del mismo modo, el uso de Airbnb o un servicio de alquiler de asientos en autos por primera vez, anima a la gente a probar otras ofertas.
Como con toda novedad, hay quienes se arriesgan por la satisfacción de probar, pero son pocos, y es necesario por ello construir confianza para que todos se animen a colaborar: así como todos confían (a veces demasiado) al compartir sus estados en Facebook.
Por ello Botsman señala que la confianza es la moneda de la nueva economía.

La principal preocupación es la incertidumbre regulatoria pues no hay ley de protección del consumidor que garantice que efectivamente se recibirá lo que se espera (recuerdo el caso de un amigo que nunca pudo llegar al departamento que había alquilado vía CraigsList, simplemente porque la dirección no existía) y los sistemas de registro de reputación y confianza no serán 100% seguros, por lo menos no en el corto plazo. Pero, como dicen: quién no arriesga no gana, finalmente estamos hablando de un mercado basado en la confianza y no en la regulación. ¿vendiste o compraste alguna vez en Mercado Libre? ¿Siempre estuviste 100% seguro de que la transacción se completaría? Seguro que no, y lo mismo sucederá aquí.
Desde el punto de vista del combate a la cultura del consumo, el uso racional y sostenible de recursos, el consumo responsable, tiene sentido. ¿Tiene sentido como negocio?
Como en todo unos pierden y otros ganan: Forbes estimó a inicios de año que el flujo de ingresos de la economía de uso compartido que va directo a los bolsillos de la gente va a superar los 3500 millones dólares este año, con un crecimiento superior al 25%, así que no hablamos de algo pasajero.
¿Le interesa el tema?
The Guardian publica hoy una nota con los casos de TaskRabbit y BlablaCar, el primero es un sitio para compartir habilidades y obtener así ingresos a partir de lo pequeños trabajos ('cachuelos' o 'freelos') y el segundo es un caso de uso compartido de autos. Hace unas semanas Bloomberg analizó el caso de TaskRabbit y cómo había llegado a un punto de inflexión a partir del cuál deja de crecer al mismo ritmo y se cuestiona sobre los límites de la economía del uso compartido. The Economist analiza el futuro de esta "cultura de compartir" y cómo empresas tradicionales (como AVIS) se están involucrando en el negocio antes que combartirlo con regulación (como hace la industria que lucra a partir de los derechos de propiedad intelectual)
*De hecho su libro se titula "lo mío es tuyo"
Bonus track: esto no podía ser hippie si no tiene un manifiesto, así que aquí les va:


Si desea ver videos sobre el tema haga clic aquí
Fuente: http://lineadevista.lamula.pe/2013/08/04/bienvenidos-a-la-nueva-economia-del-uso-compartido/jorgebossio/

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