Su estricta jerarquía y sus inquebrantables dogmas y su cerrado sistema que aspira a...
un pensamiento único, en tiempos como los actuales, tampoco ayudan. Ayudan, sí, a perfilar una iglesia decadente y anquilosada y retardataria y premoderna.
Discriminando a las mujeres o prohibiendo los anticonceptivos o tapando los abusos sexuales de sus curas o polarizando a las sociedades en temas como el aborto, la homosexualidad y la eutanasia, como verán, no apuntala ninguna reforma real ni ninguna corrección auténtica. Sino todo lo contrario.
En síntesis, solamente se avizora en ella, en la iglesia, involución y yerros continuos e interminables y sistemáticos. Y así las cosas, honestamente, no estoy seguro que el catolicismo sea capaz de llegar a un tercer milenio.

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