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Las cosas que uno medita mucho o quiere que sean 'perfectas', generalmente nunca se empiezan a hacer...
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"Cada mañana, miles de personas reanudan la búsqueda inútil y desesperada de un trabajo. Son los excluidos, una categoría nueva que nos habla tanto de la explosión demográfica como de la incapacidad de esta economía para la que lo único que no cuenta es lo humano". (Ernesto Sábato, Antes del fin)
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lunes, 27 de enero de 2014

El fallo de La Haya y nuestros pueblos


Salomón Lerner Febres
Salomón Lerner Febres
Estamos a escasas horas del pronunciamiento de la Corte Internacional de Justicia de la Haya en torno a la controversia que protagonizan el Perú y Chile respecto de la determinación de los límites marítimos entre ambos países. El fallo es de carácter inapelable y vinculante; ambos Estados se han comprometido a acatarlo como corresponde a sociedades que se someten a los principios que rigen el derecho internacional y respetan a las instituciones que velan por su observancia. A los ciudadanos nos... corresponde esperar con tranquilidad y prudencia a que la Corte emita su sentencia. Las especulaciones que algunos políticos han estado planteándose en las últimas semanas solamente generan una innecesaria situación de tensión y confusión entre los pueblos. El fallo es inminente, y esa circunstancia inquieta a quienes en nuestros países compiten por llegar al poder. Hemos escuchado de todo un poco: desde la descripción de múltiples escenarios posibles en el futuro –algunos marcados por la concordia, otros por el conflicto– hasta propuestas de enarbolar la bandera nacional en cada hogar, e incluso hemos sido testigos de la publicación de extraños y altisonantes poemas dedicados a la Nación. Quienes asumen posturas conservadoras y temen que la sentencia sea adversa a la tesis que su país defiende, se preguntan si será conveniente o no desacatarla. Olvidan que se trata de una sentencia de una corte internacional, y que las consecuencias para el país que la incumpla serían funestas, ya que significarían para él ubicarse al margen de la legalidad constitutiva de un mundo globalizado, una legalidad que rige las relaciones políticas, económicas y diplomáticas de nuestras comunidades. Hizo bien el Presidente de la República en convocar a las principales organizaciones políticas del país para presentar la posición del Estado y asumir una serie de puntos comunes ante un tema tan importante. Es preciso pensar en la actitud a asumir luego de emitida la sentencia, sea cual sea su resultado. Nuestros países con frecuencia han crecido bajo la sombra de una especie de “tribalismo” y algunos sectores han abrigado sentimientos de enemistad motivados por el recuerdo de una terrible y dolorosa guerra, emociones azuzadas a veces por los gobiernos de turno. El fallo de la Corte de la Haya podría marcar un cambio de época en cuanto a las relaciones entre los dos países. Ese cambio dependerá de la posición que asuman los ciudadanos y las autoridades de ambos países. Podemos dejar a un lado el tiempo de la desconfianza y asumir una perspectiva de colaboración y comunicación. Nuestros mercados son parcialmente complementarios, y parcialmente rivales. Ambos pueblos están comprometidos con un proceso de fortalecimiento de la institucionalidad democrática. Algunos intelectuales del pasado consideraban que la guerra cumplía la función de cohesionar a los pueblos, de una forma análoga a la unidad que promovía la religión en la Antigüedad y el Medioevo. El reto que el presente plantea a nuestras sociedades es tan poderoso como sutil. Nos invita a desarrollar vínculos que van más allá de nuestras historias y costumbres locales, vínculos basados en la cooperación, en el reconocimiento de intereses comunes y en el respeto de la legalidad global. La paz exige a las naciones una madurez y una seriedad que implica desterrar las viejas hostilidades y construir un proyecto sólido de coexistencia fraterna.

Fuente: http://www.larepublica.pe/columnistas/desde-las-aulas/el-fallo-de-la-haya-y-nuestros-pueblos-26-01-2014

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