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Las cosas que uno medita mucho o quiere que sean 'perfectas', generalmente nunca se empiezan a hacer...
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"Cada mañana, miles de personas reanudan la búsqueda inútil y desesperada de un trabajo. Son los excluidos, una categoría nueva que nos habla tanto de la explosión demográfica como de la incapacidad de esta economía para la que lo único que no cuenta es lo humano". (Ernesto Sábato, Antes del fin)
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lunes, 6 de enero de 2014

Fernando Ampuero: “Nadie que esté en sus cabales puede apoyar la concentración de medios”

Perfil.
Perfil. "El único triunfo que admito es aquel que nos permite continuar luchándola, sea lo que fuere el objetivo que persigamos", sentencia Fernando Ampuero
Interesante entrevista publicada en el diario "La República" a Fernando Ampuero, escritor y periodista., recomendamos su lectura:


Enrique Patriau
y Emilio Camacho.
El escritor y periodista Fernando Ampuero aceptó una entrevista con...
La República vía correo electrónico. Respondió a nuestras preguntas con una laptop, "medio encorvado". ¿Los temas? De todo un poco. Admite que Ollanta Humala está haciendo las cosas mejor de lo que él se imaginó en un primer momento. Sobre el debate de la concentración de medios cree que se trata de un problema público y dice simpatizar con la demanda interpuesta por periodistas ante el Poder Judicial, que fue admitida a trámite recientemente. Explica las razones por las que considera que 'Contarlo Todo', de Jeremías Gamboa, es una de las mejores novelas peruanas de los últimos años. Y aclara cómo va de salud, luego del cáncer detectado hace años.
-En el 2013, la aceptación del presidente Humala ha descendido, ¿se incluye dentro de los desilusionados o considera que Humala está haciendo un trabajo aceptable?
Yo no voté por Humala, y de hecho no me ilusionaba en absoluto. Los militares, en el Perú y en cualquier parte del mundo, son una especie de cofradía peligrosa. Tampoco voté por Keiko, por supuesto, ni por ningún otro, sino que vicié la cédula. Sin embargo, creo que Humala está haciendo las cosas mejor de lo que yo hubiera pensado. Seguimos en democracia y  nuestra economía, mal que bien, avanza con buen rumbo. Fuera del asunto de López Meneses, que encarna ese tipo repugnante de lobista del montesinismo, creador  de un sistema de poder paralelo que aún se prolonga, no estamos nada mal.
-Hay dos posiciones sobre el caso López Meneses. Una que dice que la investigación debería concentrarse en los actuales nexos entre el ex operador y el gobierno. Otra que plantea que se debería explorar, incluso, la época fujimorista. ¿Hasta dónde debería llegar la investigación, en su opinión?
Eso depende. Lo primero que debería hacerse es levantar una investigación sobre los  motivos por los que en el actual gobierno se dio a López Meneses un resguardo ilegal y, a partir de ahí, si lo amerita, ir retrocediendo. ¿Qué le interesa al ciudadano, preocupado por la salud del país? Saber puntualmente si se ha desmantelado o no la tela de araña montada por Montesinos.
¿Hizo bien el presidente Ollanta Humala en pronunciarse sobre el tema de la concentración de medios?
Sí, sin duda. En cualquier país del mundo democrático nadie que esté en sus cabales puede apoyar la concentración de medios. Si se apoyara a esa suerte de monopolio, el Estado se encontraría ante un poder equiparable al suyo, cosa que jamás se debe aceptar. Y la prensa, ni qué decir, es un enorme poder. He leído que periodistas de diversos medios están impugnando judicialmente la compra del grupo Epensa, Correo y demás diarios, que hizo el Grupo El Comercio. Simpatizo con esa idea, y con el postor que no ganó en la puja, La República, a quien ya no le interesa seguir en dicha puja. Sin embargo, en esa coyuntura, yo soy un tercerista. Epensa no debería pertenecer ni a El Comercio ni a La República. Hoy El Comercio es superpoderoso en Lima y  provincias. Pero, en el caso que  hubiera comprado La República, esta sería bastante superpoderosa, especialmente en provincias. Un tercer inversionista independiente daría equilibrio y sería la solución.  
Luego de lo dicho por Humala, el tema ha alcanzado una dimensión nacional, ¿usted cree que la concentración de medios es un tema entre privados o público?
Es un tema público. Los ciudadanos necesitan información de diversas fuentes y opiniones contrastadas. No se trata de que hayan concentrado una cadena de hamburguesas. Lo que está en juego es la posibilidad de formar criterios en la gente y no ocultar cosas. Por ejemplo, yo estoy vetado en El Comercio desde los tiempos de los petroaudios, cuando me despidieron junto con otros periodistas, por trabajar en esa investigación de corrupción a nivel gubernamental. Martha Meier decretó mi muerte civil.  Ya son cinco años que he publicado libros, y no los comentan, ni me hacen entrevistas, y si por ahí ha aparecido alguna vez una línea es porque se les pasó.  Este año, en el recuento que el crítico Ricardo González Vigil hace de los libros del 2013, no me menciona. No digo que alabe mis cuentos, como lo ha hecho a lo largo de varias décadas; digo que al menos debía mencionar la aparición del libro, pero no, no sale nada. Y esto no es serio. He dado un ejemplo sin mayor importancia, claro está, pero imagínense ahora lo que sucederá en las elecciones políticas.  Imagínense los sesgos, los silenciamientos, las entrevistas a fulano para joder a mengano.  ¿Queremos una prensa así?    
¿El actual mapa de los medios en el Perú conducirá a una elección incluso más polarizada que la del 2011?
Estoy seguro que sí, por lo menos en la segunda vuelta. Podrán estrenarse a lo mejor estrategias de disimulo, cortinas de humo, pero cuando las papas quemen se tomarán posiciones definidas. Y, bueno, habrá un desbalance.
Se ha dicho que el caso de la concentración de medios debería debatirse en el Congreso de la República. ¿Qué opina?
Que sería un error. Este es un caso que atañe al Palacio de Justicia y al Tribunal de Garantías Constitucionales.
¿Deberían los periodistas peruanos fijar una posición sobre la concentración de medios, independientemente de dónde trabajen?
Todos los periodistas que fijan una posición acaban ahuesados o despedidos. Eso los atemoriza. Yo ya estoy algo viejo para perder el empleo, pero no soy de los que se calla.
Ahora que hablamos de periodistas, ¿por qué eligió ser reportero y no narrador a tiempo completo? ¿El periodismo lo alejó de la literatura o el lenguaje más sencillo del periodismo le ayudó a escribir mejor?
Elegí ser periodista porque necesitaba un trabajo que me diera dinero constante para vivir. La literatura también me lo da, pero digamos que con menos constancia y  en mucho menor cantidad. Viviríamos mi familia y yo a dieta rigurosa. Por eso me inicié en el periodismo y acabé descubriendo una maravillosa vocación. Tengo la suerte de contar con dos vocaciones: el periodismo y la literatura. Una y otra me reconcilian y me explican como individuo. En cuanto a mi estilo, el lenguaje sencillo y claro es mi opción estética, y no creo que me perjudique literariamente. Tanto me gusta el periodismo que algunos de mis textos tratan sobre periodistas. Justamente hace dos días he terminado una novela corta donde uno de los personajes es un periodista de La República.
¿Es posible saber qué periodista es? ¿O se trata de un personaje meramente ficticio?
Es un personaje ficticio, en efecto, pero inspirado en varios periodistas de la sección policial y de la unidad de investigación. Ya la leerán.
Como periodista ha pasado por diferentes experiencias. Ha sido cronista, entrevistador, encargado de publicaciones y reportero investigador. Pero leyendo su libro de crónicas, he visto que estuvo a punto de recibir un balazo cuando uno de sus entrevistados, Emilio “El indio” Fernández, pensó que usted le había robado un reloj, ¿ese ha sido el momento de más riesgo físico en el que ha estado?
La pregunta lo cuenta casi todo, y hasta parece más una respuesta. La anécdota con "El indio" Fernández, que luego se convirtió en un gran amigo, son gajes del oficio. Yo admiraba mucho el trabajo de "El Indio" como cineasta y no me desanimaron las historias que contaban acerca de su mal carácter. Tan malo era su carácter que había estado preso por haber matado a un sujeto que, según él, lo miraba feo.  "El Indio" Fernández luchó en la revolución mexicana al lado de Pancho Villa, fue amigo de Augusto B. Sandino y de Rodolfo Valentino, y  es el primer cineasta de América Latina en haber ganado el Festival de Cannes. El periodismo, de hecho, es el mejor de todos los pasaportes. Tienes visas para conocer a las personas más disimiles y extraordinarias que hay en el mundo.
 Vargas Llosa ha dicho que la narrativa peruana está en muy buen pie y que Contarlo Todo, la novela de Jeremías Gamboa es prueba de ello, entiendo que usted comparte esa visión, ¿por qué?
Comparto esa visión porque de veras es un  gran libro. Pocas novelas publicadas en el Perú son tan amenas e intensas como la de Gamboa. Merece toda la lectoría que ya tiene.
En Contarlo Todo, Jeremías Gamboa retrata a Francisco de Rivera –es decir, a usted– muy elogiosamente. Gamboa le revela su admiración, destaca lo “clásico y estudiado” de su aspecto, su carrera literaria y periodística. ¿Cuánta distancia hay entre Francisco de Rivera y Fernando Ampuero? ¿Se parecen, son muy distintos?
Gamboa era uno de los tantos muchachos de talento que han trabajado conmigo en las revistas Caretas y Somos. Fui su jefe durante esos tiempos, y sabía de su  interés por la literatura, pero nunca imaginé que escribiría un libro con tantas virtudes como "Contarlo todo". Pero en lo que concierne al personaje Francisco de Rivera, no sé qué decir. Me parezco a él en algunos aspectos, pero nadie, creo yo, puede juzgarse a sí mismo en tales circunstancias. Por fortuna este libro ofrece la mirada generosa de Gamboa, no la de otros que podrían, con razón o sin ella, verme con malos ojos.  De Rivera parece un buen tipo, y yo creo que lo soy o trato de serlo. A veces me dan rabietas, claro, pero éstas acaban pasando.  Nadie, en fin, es responsable totalmente de la imagen que proyecta, aunque ahora, después de leer la novela, me voy haciendo una idea.  
En la presentación de “Contarlo Todo”, usted dijo que es “una de las mejores novelas de autor peruano en los últimos años”.  ¿No existe el riesgo de que una reseña tan elogiosa sea mal entendida si el crítico es, al mismo tiempo, objeto de la admiración del autor?
Claro que sí. No solo puede ser malentendida, sino que resulta embarazoso opinar sobre una ficción donde uno es personaje. Pero yo, en atención a mi temperamento,  corro riesgos. Siempre corro riesgos  y, a pesar de las incomodidades del caso, opino. Y lo hago sin ningún problema porque puedo separar una cosa de otra.  Puedo olvidar el detalle de que soy uno de los personajes, ejercer mi juicio crítico y revelar lo que pienso.   
“Contarlo Todo” fue recibida con mucha expectativa. Luego han aparecido reseñas menos favorables. Un “criterio radical” lo ha llamado usted. ¿Por qué? ¿Es radical advertir sobre descuidos gramaticales o inconsistencias de un libro que generó tanto entusiasmo? ¿O cree que cierta crítica está empeñada en cuestionar, sin razón, sus méritos literarios?
Lo que quise decir es que la novela tiene más virtudes que defectos. La novela, a veces, muestra algunos descuidos. Pero todo eso resulta menor en relación con la fuerza narrativa, al peso de la historia, al drama del hombre que siente que la enfermedad que afecta su apariencia lo descalifica para todo, al individuo que vence obstáculos económicos y de clase social, a la intensidad con la que asume su vocación literaria y sus romances. Alguna crítica, sí, parece estar con anteojeras. Pero hay otra crítica a la que le fastidian detalles ínfimos, subsanables en una próxima edición, y también hay personas, en el rango de los gramáticos y los politizados, cuya concepción de la literatura es  diferente. Pierden de vista lo esencial del libro, que nos da una historia muy interesante.
Hablemos de usted como escritor. Cuando entrevistó  a Ribeyro y le preguntó sobre sus personajes sombríos y pesimistas, este le respondió: “Donde irrumpe la felicidad empieza el silencio”. ¿Le pasa eso a usted? ¿No puede escribir sobre triunfadores?
Totalmente de acuerdo. Considero que la felicidad no tiene historia. Imagínense una novela donde todos se porten bien y todos sean completamente felices. Sería aburridísima, ¿no cree? No pasaría nada. Pero eso no quiere decir que yo no pueda escribir sobre triunfadores. ¿Por qué no? El camino al triunfo está sembrado de penurias y zancadillas. Ahora bien, si usted me da a elegir entre escribir sobre un triunfador y un perdedor, elegiré al  segundo. La vida de los perdedores es más visceral y tiene un atractivo muy humano.  
¿Se considera usted un triunfador?
No. ¡De ninguna manera! Todos los triunfos son pasajeros, como es pasajera la felicidad. El triunfo permanente tal vez se parezca a la vida de los millonarios y las celebridades. Pero tampoco, digamos, me lo creo mucho. No sé cómo se sienten los triunfadores  en ciertos días en que miran sin complacencia al espejo. El único triunfo que admito es aquel que nos permite continuar luchándola, sea lo que fuere el objetivo que persigamos.    
A usted le diagnosticaron cáncer. Le hicieron reportajes. Se dedicó a viajar mucho por entonces. Se estaba despidiendo. ¿Qué ocurrió exactamente? ¿Superó la enfermedad con el tratamiento, o fue un mal diagnóstico médico? ¿Ya se encuentra completamente sano?
Aquí estoy, contestando a sus preguntas, aunque con un poco de dolor de espalda. Se me ha malogrado la computadora fija y escribo en una laptop que me tiene medio encorvado. Es una lata. Pero sí, afortunadamente estoy bien de salud. Tuve un cáncer hace quince años y me curé. Creo que mantener el buen humor me ha ayudado mucho. Gracias por preguntar por mi salud.  
Da la impresión de que no le gusta hablar mucho sobre su salud. ¿O es una idea equivocada?
Nunca se piensa en la salud cuando se está sano. Tampoco debería hablarse.

Fuente: http://www.larepublica.pe/06-01-2014/fernando-ampuero-nadie-que-este-en-sus-cabales-puede-apoyar-la-concentracion-de-medios

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