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Las cosas que uno medita mucho o quiere que sean 'perfectas', generalmente nunca se empiezan a hacer...
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"Cada mañana, miles de personas reanudan la búsqueda inútil y desesperada de un trabajo. Son los excluidos, una categoría nueva que nos habla tanto de la explosión demográfica como de la incapacidad de esta economía para la que lo único que no cuenta es lo humano". (Ernesto Sábato, Antes del fin)
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lunes, 15 de abril de 2013

Dilemas para la izquierda, por Steven Levitsky

El politólogo Steven Levitsky parte de una premisa muy importante: el juego democrático requiere la existencia de una izquierda electoral fuerte que ayude a consolidar el régimen político. Y no sólo como...
un actor de reparto, sino como una alternativa  de representación asociada con la redistribución y la lucha contra la desigualdad. Sin embargo, los partidos de izquierda no aparecen espontáneamente. Si bien es cierto que en el Perú existen varios grupos políticos de izquierda, la articulación partidaria con un arrastre electoral importante requiere resolver, primero, al menos dos desafíos: organizacional y electoral.  ¿Cómo superarlos?
Steven Levitsky
La democracia necesita una izquierda fuerte. Según varios estudios, una izquierda electoral fuerte se asocia con más redistribución y menos desigualdad, lo cual favorece la consolidación democrática. Y donde los sectores más pobres tienen representación partidaria, hay menos populismo, lo cual también fortalece la democracia.
En términos electorales, la izquierda peruana es una de las más débiles en América Latina (junto con países como Honduras, Guatemala, y Panamá). De hecho, hace dos décadas que el Perú carece de una izquierda electoral viable.
No faltan esfuerzos para reconstruir la izquierda. Han surgido varios proyectos, desde el Partido Socialista, Fuerza Social, y Tierra y Libertad hasta el nuevo Movimiento de Afirmación Social (MAS) de Gregorio Santos. Se habla de un Frente Amplio de Izquierdas. Pero hasta ahora ningún grupo de izquierda logra establecerse como una fuerza electoral seria.
¿Cómo hacerlo? La construcción de un partido de izquierda viable enfrenta por lo menos dos desafíos. Uno es organizacional. La organización todavía importa. Casi todos los nuevos partidos de izquierda exitosos en América Latina (PT en Brasil, Frente Amplio uruguayo, FMLN salvadoreño, FSLN nicaragüense, PRD mexicano, quizás el MAS boliviano) tenían una organización fuerte, con presencia activa en todo del país. Los partidos que no construyen organizaciones fuertes no duran (por ejemplo, el FREPASO argentino o el M-19 colombiano).
Pero construir una organización es difícil. Requiere años de trabajo, y muchas veces no rinde frutos inmediatos. Además, los políticos contemporáneos tienen poco incentivo para invertir en la organización porque existen alternativas. Pueden llegar al electorado a través de los medios de comunicación. Dado que el camino mediático es mucho más fácil –y más rápido– que la construcción de una organización, es difícil resistir. Y los que resisten muchas veces pierden. Mientras se dedican al trabajo de hormigas necesario para construir una organización de base, surge un outsider –un Fujimori, un Humala– que se lleva los votos.
Como demuestra el politólogo Brandon Van Dyck, los partidos de izquierda solo construyen organizaciones fuertes cuando no hay alternativa, cuando no tienen acceso a los medios o a los recursos del Estado. No es casualidad, entonces, que muchos de los partidos de izquierda más duraderos en América Latina nacieron o se consolidaron bajo regímenes autoritarios (PT, FMLN, Frente Amplio uruguayo, PRD mexicano). Desde esta perspectiva, la izquierda peruana actual lo tiene demasiado fácil.
Existe un atajo organizacional: construir el partido sobre organizaciones sociales ya existentes. El PT se construyó, en parte, sobre organizaciones sindicales y religiosas, y el MAS boliviano se construyó sobre organizaciones sindicales, cocaleras, indígenas, y vecinales. Pero en el Perú, estos movimientos sociales son débiles. Los sindicatos y la iglesia progresista se han debilitado y los movimientos populares existentes son localizados. No tienen capacidad de movilización a nivel nacional, y son casi inexistentes en Lima. En términos de movilización popular, Lima es un desierto cívico comparado con La Paz o el D.F. de México.
El segundo desafío que enfrenta la izquierda es electoral. Como todos saben, la izquierda peruana sufre de tremendas deficiencias electorales. Desde 1990, casi no existe en el juego electoral nacional. Ha perdido casi por completo los sectores populares urbanos.
Cualquier esfuerzo para ampliar la base electoral de la izquierda enfrenta un dilema. Por un lado, el votante peruano se ha vuelto más conservador. Sigue existiendo un sector radical del electorado, concentrado, sobre todo, en el interior, pero como bien aprendió Ollanta Humala, ese sector no es suficiente para ganar la presidencia. Una mayoría nacional requiere un sector del voto limeño, y en Lima –aún en los sectores populares– hay pocos radicales.
El conservadurismo limeño es un serio obstáculo para el crecimiento de la izquierda. Donde los nuevos partidos de izquierda han tenido éxito en América Latina, las ciudades grandes han sido sus bastiones electorales. En Brasil, El Salvador, Uruguay, y quizás México, gobernar las ciudades grandes ha sido un paso clave hacia la presidencia. Pero en una región donde las ciudades capitales suelen ser progresistas, Lima es una gran excepción. Ha sido tierra mucho más fértil para el PPC que para la izquierda. (Susana Villarán ganó no por ser, sino a pesar de ser, de izquierda).
Para los candidatos de izquierda que quieren ganar elecciones, el conservadurismo del electorado limeño genera fuertes incentivos para correr al centro –como hicieron Humala y Villarán–. Gregorio Santos critica a Fuerza Social por haberse convertido en “la izquierda que necesitaba la derecha”. Pero hay que fijarse en lo que necesita la izquierda. Y en una democracia, la izquierda necesita votos. Santos no los tiene, sobre todo en Lima.
Pero Santos tiene algo de razón. Aunque alejarse del votante mediano (como hace, por ejemplo, el MAS de Santos en el nivel nacional) tiene costos electorales, la moderación puede generar otros problemas. Los nuevos partidos necesitan una marca. Y según el politólogo Noam Lupu, el desarrollo de una marca partidaria requiere dos cosas: diferenciarse de los otros partidos y mantener un perfil consistente. Correr rápidamente al centro diluye la marca partidaria, que puede ser fatal.
En el Perú, entonces, la izquierda enfrenta un dilema difícil. La consolidación de una marca partidaria requiere un perfil claro y consistente. Pero dado el conservadurismo del electorado limeño, un perfil claro y consistente de izquierda podría condenarlo a la derrota perpetua.
No hay salida fácil. La izquierda tendrá que innovar. Reconstruir una Izquierda Unida (ahora llamado Frente Amplio) es, probablemente, un sueño. Pero quizás está bien. Muchas veces, la innovación surge de múltiples experimentos.
Uno de estos experimentos será una izquierda más liberal o social democrática –una izquierda que promueve la igualdad y la expansión de los derechos sociales dentro de una economía de mercado–. Rechazar esa izquierda como “la izquierda que tanto necesita la derecha” es, además de infantil, falso. La derecha dura ha sido clara (y nunca más clara que en la revocatoria): no quiere una izquierda liberal o moderada. Quiere una izquierda muerta. Y hoy en día parece tenerla.
Fuente: La República
 

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