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Las cosas que uno medita mucho o quiere que sean 'perfectas', generalmente nunca se empiezan a hacer...
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"Cada mañana, miles de personas reanudan la búsqueda inútil y desesperada de un trabajo. Son los excluidos, una categoría nueva que nos habla tanto de la explosión demográfica como de la incapacidad de esta economía para la que lo único que no cuenta es lo humano". (Ernesto Sábato, Antes del fin)
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miércoles, 10 de abril de 2013

El niño que era amigo de un zorro y una rosa


El niño que era amigo de un zorro y una rosa

Probablemente tu madre te lo leía de niño, cuando te veía cansado de la simpleza que adornaban los cuentos de princesas que esperaban un beso para surgir en el palacio más distinguido de la ciudad. Además fue quien te dijo, ya en la juventud, que sería bueno que lo releas, que era más que un Principito confundido, amigo de rosas y zorros que recorrían planetas y cuyas aventuras contaban con las ilustraciones pertinentes.

Vestido como un elegante ciudadano, saco rojo y azul y con estrellas que iluminaban sus pasos, “El Principito” es un libro de protesta contra la...
mutilación de sueños, contra la falta de alegría en el mundo contraído por los adultos. “Las personas mayores no pueden comprender nunca por sí mismas, y es molesto para los niños tener que estar dándole siempre explicaciones”, se lee en el libro.

Este personaje, creado por Antoine de Saint-Exupéry, procedente del lejano Asteroide B-612, atraviesa historias más no moralejas vagas, típicas de cuentos infantiles y aburridas por lo explícitas que parecen y obvias que resultan. Se trata, más bien, de una aventura que carece de prohibiciones y que invita al lector, tenga la edad que tenga, a conocerse e identificarse con los personajes que el principito visita.

Lo trascendental del libro, cuyo título original en francés es “Le Petit Prince”, radica en la cantidad de metáforas que lo conforman, además de la universalidad de los temas abordados y la profundidad de los diálogos que lo componen.

"Yo no te necesito, tú tampoco tienes necesidad de mí, pero si me domesticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo, yo seré para ti único en el mundo", le dijo su amigo el zorro al principito en una oportunidad. Con su amiga la flor, la historia fue diferente. “"Debí haberla juzgado por sus actos y no por sus palabras, me perfumaba y me iluminaba, no debí haber huido jamás. Debí haber adivinado su ternura, detrás de sus pobres astucias. ¡Las flores son tan contradictorias! Pero yo era demasiado joven para saber amarla", se lamentaba el joven de cabellos dorados.

“LAS PERSONAS MAYORES SON BIEN EXTRAÑAS”
“¿Por qué juegas, Adrián? ¡No juegues!”, le dice un padre a su hijo, de aproximadamente 4 años, al subirse al autobús. Su voz es tan fuerte que el niño solo dice: “Lo siento, papi”. “¡¿Pero, por qué juegas?!”, le repite el adulto, con esa furia propia de la frustración. Y el niño, que al subirse al carro sólo había saltado, feliz, ya no quería jugar más. Agachó la cabeza, en silencio.

“Las personas mayores son bien extrañas”, nos repite el principito al viajar a otros planetas y conocer adultos que, en su mayoría, ignoran a los demás, culpan a otros de sus males, necesitan dar órdenes y ser obedecidos y huyen de sus problemas.  Tal sucede con el rey, con el vanidoso, con el bebedor, con el hombre de negocios, entre otros personajes que irrumpen en la trama para demostrar las miserias de los adultos, esas de las que pocas veces se habla.

Fuiste niño años atrás, cuando creías soñar con un principito que existía en la voz de tu madre al leer la historia, esa que antes, a tu edad, a ella le habían contado. Y al preguntarle si había sido niña alguna vez solo sonrió, obviando lo absurdo que a veces resultan las preguntas de un niño.
Texto: Milagros Olivera
molivera@diario16.com.pe
 

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